Género, Mujeres
¿Son tan buenos tiempos para el feminismo?
Creo que este 8 de marzo será inmenso. Parece que la palabra feminista no está tan mal vista ahora, ¿no? Pero no hay que bajar la guardia…
Para mí la gran revolución pasa por la sororidad. Van a intentar distraerte, hermana (y sí, creo que existen hombres feministas y pro feministas y que en espacios mixtos es bueno que estén verbal y físicamente, siempre que no aplasten la voz femenina).
Somos la mitad del mundo, pero no basta. Poseemos el 1% de la tierra, la media de los salarios sigue siendo menor, somos a quienes violan y mutilan… Y parece mentira que tenemos que demostrarlo todos los días.
Yo empecé siendo feminista porque tuve una suegra feminista. Y esto no fue un camino de rosas. Lo siguiente fueron mis tiempos en el activismo, mientras seguía formándome en derechos humanos, sexología… Épocas de carteles, camisetas y frases a gritos. Reuniones en el Congreso de los Diputados. Viajes y más viajes. Federación Mujeres Jóvenes, AMPLIA, Mujeres Ante el Congreso, la PPINNA… Eran los espacios de los que me movía. Y ahora que ya no me muevo en los mismos doy gracias a esa experiencia
Ahora, más de 10 años más tarde, veo amigas que no eran feministas y ahora lo son, o siempre lo fueron y ahora usan la palabra. Ahora veo a amigos chicos que se levantan a mi lado. Hasta mi familia –de mi generación, eso si– en Italia empieza a utilizar “esa expresión” y me da mucho calor dentro. Estoy muy orgullosa de esa lucha, de esas reuniones, de las charlas de cafetería, y de los piques con las “a” y con las “o”. Estoy orgullosa de mi evolución como mujer desde entonces.
En el 2006 no quedaba tan bien ser feminista. Y tampoco tan mal. Porque, evidentemente, cuando hay un cambio de paradigma, hay resistencias.
Hoy quiero hablaros de 3 heridas.
La herida entre las mujeres. Me hiere profundamente que se nos olvide la sororidad. Esto no significa que no podamos pensar diferente, o que no tengamos elecciones vitales a veces antagónicas. Pero jamás, jamás, olvidaré que eres mi hermana. Y yo sí, yo estoy enfadada con nosotras en este sentido. Gran parte de la población masculina seguirá menospreciando y seguirá haciendo uso de la violencia, pero tú tienes la elección de ver cómo tratas a otra hermana. Levantar la voz por otra mujer, cuidarla y darle valor, en lugar de pasar encima de ella o adueñarse de su luz o trabajo.
La siguiente es la vergüenza a los privilegios. Hasta que no entendamos que el T0P 10 de la humanidad es el hombre cis-heterosexual, blanco, de clase media y sin diversidad funcional, no habremos entendido nada. Yo como mujer blanca tengo privilegios, ¿por qué le cuesta tanto a un varón aceptar que los tiene? Ya no que tenga que trabajarlos y concienciarse, ¡faltaría más! Por su puesto también tiene males para el patriarcado, pero no es víctima. La resistencia a decir en voz alta que tienen privilegios es un escollo muy alto. La cosa es tan sencilla y difícil como ésta: cuando una mujer pueda ir con la misma tranquilidad que un hombre por la noche y sus movimientos no sean como el león y la gacela, nos habremos entendido.
La otra herida importante para mí es la legitimación de Rabia Femenina. Es maravilloso que poco a poco los cuidados y lo afectivo se extienda como un maravilloso valor y como algo imprescindible como seres humanos. ¿Pero qué pasa cuando nos enfadamos las mujeres o cuando dejamos de ser correctas? ¡Qué miedo tenemos a nuestra rabia!, ¡cuánto se nos castiga!
No podemos gritar porque, de entrada, estamos locas. Los hombres son fuertes, poderosos, han tenido un mal día, pueden quitarse la camiseta, orinar en la calle, pintarse el pecho de los colores de su equipo. Y es que “está muy contento, es su pasión”. Yo probablemente no que quitaría la camiseta; soy tímida y al patriarcado eso le viene genial. Pero si una mujer se quita la camiseta, se pinta y grita para reivindicar sus derechos, está loca. No es el modo. Hazlo bien, no levantes la voz. Es decir, pide lo que no vamos a escuchar desde y como la posición de “mujer” que queremos que mantengas.
La rabia femenina ha de tener un lugar. No nos estamos victimizando; somos víctimas. Ahora como decía mi profesora de baile: DE VÍCTIMA A SUPERVIVIENTE A TRASFORMADORA. Y todo esto solo se puede hacer lamiéndonos bien las heridas y sacando la rabia, en lugar de mascarla día a día. Hace que seamos claras y, sí, radicales. Porque con todo y con eso, el feminismo no te protege de las relaciones de maltrato ni de sufrir violencias. Lo que sí hace es darte visión y palabras para nombrar.
La mayoría de nosotras seguimos amando desde el miedo. Y puede que el mundo tenga miedo a un cambio. Y, sí, puede que tengamos miedo a la rabia femenina. Pero dicen que lo bueno está al otro lado del miedo. En consulta trabajo esto y tiene un gran beneficio para hombres y mujeres, pues pueden establecer relaciones más igualitarias, más libres, más adultas. Y, además, se despojan de todas esas etiquetas de género que les oprimen.
Así que, doy gracias a las heridas del camino. Gracias a los hombres y mujeres que han tejido conmigo hasta aquí, porque con todo y con eso, cuando creo que estoy aflojando, que se me pasa la cosa esta de los derechos humanos… Hay algo que salta dentro de mí y me vuelvo a levantar.
Cuando tengo dudas, miro también qué hacer para que ellas -ni yo tampoco- no sean aliadas en la sombra del patriarcado.
Y si se me olvida: DE VÍCTIMA A SUPERVIVIENTE A TRASFORMADORA.
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