Experiencias, Género
Cuéntame otra vez. La recuperadora de historias como terapia o el amor en las biografías
“Una de las mejores cosas que me han pasado en esta vida es acompañar a las personas en este viaje tan bonito que tiene la vejez, el del recuerdo de su vida”.
Susana Ortega, es recuperadora de historias[1]. Es una querida amiga, una compañera de formación y en este sentido un descubrimiento. Se dedica a elaborar libros de recuerdos autobiográficos donde se plasman las vivencias más relevantes de la vida de una persona mayor. Su objetivo es doble: por un lado fortalecer y consolidar la identidad del mayor frente a los propios cambios que supone el proceso de envejecimiento, y por otro, rescatar esa historia de vida para su familia en forma de libro.
¿Cómo decirlo sin que pierda la poesía? Ella es una rescatadora, una arqueóloga del alma. Se dedica a recopilar, hilar y dar forma a las historias de vida de personas que llevan mucho tiempo en este planeta. Mujeres y hombres con la mirada larga, de las de antes, que miran a veces de frente y otras a un lado.
Susana, ¿qué es lo que haces?
Como bien has dicho, me dedico a recuperar historias de personas mayores ayudándolas a rescatar sus recuerdos para, posteriormente, escribir un libro con sus memorias autobiográficas.
¿Cómo es el proceso?
El proceso es sencillo. Primero, trabajo con ellas en sus domicilios durante una serie de sesiones. Las sesiones son grabadas y luego hago las transcripciones a la vez que le doy orden. Así poco a poco, voy creando el libro. Trabajo a través de la reminiscencia, que es una técnica de comunicación que favorece la evocación del recuerdo. Uso la palabra, películas, música, textos de épocas pasadas, fotografías…pero sobre todo escucho.
¿De dónde nace la idea?
Llevo casi diez años trabajando con personas mayores y siempre me ha gustado hablar con ellas y hacerles preguntas como dónde trabajaron o cómo ha sido su vida. Hace un par de años una amiga me sugirió la idea de recoger esas historias que me contaban en un libro. Así empecé y con el tiempo me he profesionalizado.
Y ahora la deformación profesional. ¿Qué me dices de la variable género? Háblanos de las mujeres.
Cuando hablo con las mujeres mayores puedo llegar a entender por qué estamos como estamos en el tema de género. Ellas han vivido una dictadura y eso les ha marcado muchísimo desde diferentes perspectivas. La variable género a favor del hombre y en detrimento de la mujer u otros colectivos estaba súper marcada y eso, de algún modo, está todavía en la memoria colectiva. Cuando hablo con estas generaciones de mujeres en seguida te animan a que trabajemos para que el mundo sea mejor, más justo, con más libertades e igualdad para la gente. La mayoría son muy conscientes de dónde vienen y a mí me encanta escucharlas hablar porque me dan esperanza y me enseñan que la igualdad es posible.
Y la sexualidad, ¿tiene cabida en estas historias?
La verdad es que no. Ese es un tema que suelen pasar por alto. Hablamos de su boda, de tener hijos o de embarazos antes del matrimonio pero no se pronuncian acerca de si disfrutaban o no, de si se sentían bien o de si era eso lo que querían. En general, es un tema complicado de hablar entre las personas mayores.
Me imagino que habrá quien esconda y quien se libere…
En general suele haber mucha mezcla de ambas cosas. A estas alturas de la vida las mayores han ido tomando decisiones a lo largo de su vida para poder seguir adelante. A veces deciden esconder y lo olvidan aprendiendo a convivir con ese secreto pero, en otros casos, ese secreto les sigue afectando. Aquí ocurren dos cosas: o que vean la oportunidad de poder contar para liberarse o que no se atrevan y se lleven ese secreto para siempre. Yo me suelo dar cuenta cuando estamos en esa tesitura y para mí es fundamental respetar su decisión. Yo trabajo para fomentarles bienestar y me preocupo de estar preparada para acompañarlas del mejor modo posible en su propia historia y modo de contarla. El recuperador de historias –la recuperadora en mi caso- es terapéutico pero no terapia.
¿Qué hay de terapéutico?
Como siempre digo, el recuperador de historias tiene una parte literaria y también terapéutica. Ofrecer a las mayores un espacio para que puedan contar su vida como quieran, sin que nadie les juzgue, es muy liberador. Darles la oportunidad de verbalizar tanto sus alegrías como sus penas suele ser un acto revitalizador y sanador. Cuando empiezan a sentir el bienestar que les produce hablar de su vida se entregan al proceso y te cuentan cosas que su propia familia aún no sabe.
¿Qué te regala a ti?
A mí me dan mucho porque ponen a mi disposición su experiencia y sabiduría para mi propio proceso de desarrollo como persona. Aprendo mucho de las personas mayores y me ayudan a entender mejor el mundo en el que vivo. Yo siempre les agradezco enormemente la confianza que depositan en mí y creo que es uno de los mejores legados que la vida me puede dar. Además no me puedo olvidar de la cantidad de veces que me hacen reír…Te podría contar más de una historia que te alegraría aún más el día.
Susana, nuestra recuperadora de historias, me recuerda a la idea de “una habitación propia” de Virginia Woolf. Wolf nos decía que una mujer no sería libre, no podría entenderse hasta que tuviera su espacio, como en muchos casos los hombres tenían su silla, su sofá e incluso su despacho. Un espacio para mirarse, o como diría Marcela Lagarde, un espacio en soledad que no en desolación, para poder pactar consigo misma.
Puede que ésta sea “una habitación propia”.
[1] http://www.vinietas.com
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