Mujeres
Mujeres de Paciencia Salvaje
Hay un momento que tu paciente se abre como un nenúfar y como por arte de magia brilla. Eso que tu sabías que había pero jamás sabrías calcular la intensidad.
Esta compañera de Paciencia Salvaje (el título lo he robado de la bellísima obra de teatro que adapta el libro de Clarissa Pinkola Estés ‘Mujeres que corren con los Lobos’, que aún está en el teatro y os recomiendo de corazón) me ha regalado su relato de parte de nuestro viaje juntas. Me veo muy emocionada y bendecida.
Laura ha honrado su espacio terapéutico, su templo. Sé cómo ha bajado a las sombras, cómo se ha sostenido, cómo cada día es más auténtica, cómo ha creído y cómo su corazón, así como su cuerpo, cada día está más abierto a recibir.
Comparto este artículo como regalo recibido de una mujer que quiero mucho. Y también como mensaje de esperanza real a todas aquellas personas que hemos estado en la niebla, y volveremos a estar, con la certeza de que la niebla y el dolor también se cruzan.
Gracias Laura.
«Me reconforta pensar que la vida está llena de ciclos, grandes y pequeños, que nos dan la oportunidad de volver a pasar por donde ya estuvimos para demostrarnos que todo lo vivido nos ha hecho más sabias. Ahora, que estamos comenzando un ciclo y que empieza un nuevo año lleno de posibilidades, ahora, quiero echar la vista atrás y recopilar lo sucedido para guardarlo como el tesoro que es.
Llegué a la consulta con la determinación de llegar al fondo de la cuestión: quería saber por qué mi cuerpo era perfectamente capaz de sentir y disfrutar un orgasmo en solitario pero no con otra persona. Pronto vi que esto no era más que la punta del iceberg; la última consecuencia de una mezcla de hechos y creencias que habían roto la conexión de mí conmigo.
Lo primero que descubrí, con la ayuda y la guía de una mujer salvaje, fue que sexualizaba el contacto. Los límites entre la amistad y las relaciones sexuales estaban tan borrosos que me resultaba casi imposible distinguir a mis amigas y amigos de mis amantes. Esto complicaba las relaciones en muchos aspectos. No mucho más tarde comprendí que había utilizado el sexo como medio, y no como un fin en sí mismo. Cuando el sexo es una moneda de cambio para obtener reconocimiento, amor o atención es difícil disfrutarlo. Esto, entre otras cosas, impedía que estuviera presente, consciente y conectada conmigo y con mis parejas cuando mantenía relaciones sexuales; alejaba toda posibilidad de tener orgasmos. A su vez concebía muchas de las relaciones como abusivas, en las que no había ningún deseo de por medio y en las que ni siquiera me cuidaba en cuanto a métodos anticonceptivos se refiere, exponiéndome a mí y a mi pareja a posibles enfermedades o embarazos no deseados.
Ser consciente de esto fue doloroso y revelador por igual. Tuve que perdonarme tanta falta de amor y cuidado hacia mi persona. Cuando pude perdonarme llegó el momento de tomar decisiones, de empezar a hacerme responsable de todo lo que había dejado en manos ajenas.
Poco a poco y desde la consciencia fui modificando estas conductas, aprendiendo a cuidarme, a conectar conmigo y mis parejas sexuales y a profundizar en mis deseos. Pero había algo a lo que aún no me sabía enfrentar y que me aterraba: el vacío. El vacío para cada una y cada uno tiene una forma y una cara. Y nos desvivimos por taparlo e ignorarlo, lo que sea con tal de no sostenerlo. En mi caso huía del vacío consumiendo drogas, sexo y relaciones. Decidí que ya estaba bien, que aquello ya no iba conmigo, no me representaba. Y decidí renunciar al sexo y las relaciones afectivas durante una temporada, aprender a sostener ese vacío y acompañarme y cuidarme en el proceso. Fue una decisión que sentí como valiente y bonita que marcó un antes y un después.
Ahora, aún con mucho por hacer (pues me consta que el proceso es infinito), vivo mi sexualidad y mis relaciones de otra manera. Miro hacia atrás, veo lo caminado y solo puedo sentirme orgullosa y feliz de lo logrado. Sé que me aguardan nuevos retos y espero superarlos con el mismo amor y cuidado que hasta ahora.
The show must go on.«
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