Deseo Sexual
Amantes y amor
Quédate conmigo hoy, vive conmigo un día y una noche y te mostraré el origen de todos los poemas.
Walt Whitman
¿Se puede amar a un amante? ¿Se puede ser el amante de tu pareja? ¿Puede una aventura ser más que una aventura cuando no debería ser más que una aventura? ¿Qué es una aventura? Entendemos por aventura algo que tiene que ver con temporalidad y con lo físico, con lo prohibido. Divertido pero difícil, aunque esperamos ligereza y frivolidad.
Existen, por un casual, reglas o códigos para las aventuras cuando le ponemos el nombre de aventura, muchas etiquetas también a esto: rollete, lío, cuernos, aventura, canita al aire, etc. En el caso que no estemos en pareja no hay tanto problema, o sí, porque a veces no se puede, porque estáis en momentos vitales diferentes, porque vivís en países diferentes o porque, simplemente, su belleza residía en eso, ser la flor de un día.
¿Y si no fue en una discoteca? ¿Si fue más de una noche? Y si una noche o una tarde o en un paseo conozco a alguien que me llama terriblemente la atención, alguien que me recuerda quién realmente soy, alguien que mueve mis cimientos.
En este artículo no voy a hablar de “infidelidad”. Como terapeuta siempre marco la importancia de la lealtad, donde la fidelidad es un tipo de lealtad, si así lo marca la pareja y se quiere seguir un modelo monógamo. Vamos, que no me voy a dedicar a hacer una disertación sobre historias de infidelidades o cuernos… no. Ni tampoco sobre la pareja “estable”, que sobre eso y la infidelidad hay millones de escritos. Me voy a centrar en la aventura. En la huella de la aventura. Particularmente en la aventura “especial”. Porque seamos sinceras, si no te ha marcado y se quedó en ese encuentro, lo sabes casi incluso antes. Te apetecía, te diste un capricho y ya está.
Es decir, lo curioso y central de este escrito es preguntarnos qué le pasa a la persona que ha tenido una aventura, qué huellas emocionales, mentales y sexuales tiene. Y de ahí la gran pregunta, ¿se puede pasar el duelo de una aventura? ¿Cómo encajo esa persona en mi ser?
Encajar esa persona que, muy probablemente, no vuelva a ver. Encajar a alguien del que sé muy poco, pero puede que te hiciera sentir todo. Sí, hablo de esos encuentros en los que te temblaron las piernas y el corazón se te puso a tres mil por hora. Y es que ahí está la cuestión, lo enganchante que es esa sensación.
Mientras hay huella hay duelo. Si quieres duelo. Igual sólo quieres emprender un nuevo vuelo.
Un comentario
paola fierro morales
Excelentes artículos! !!