Mujeres
12 Reflexiones sobre la sexualidad entre Mujeres. Mujeres en la intimidad
Las sexualidades tienen género y el género pesa más que la orientación del deseo. Hace unos años publiqué esta idea en mi libro «Vértigo y Sexualidades». Esta idea se reafirmó al conocer a Marta Pascual[1], sexóloga de Cogam. Aprendimos de lo leído, de nuestros pacientes, de talleres, de espacios. Algo se iba cociendo.
Pasaron horas infinitas en las que, con experiencias y conceptos, tirábamos del hilo y veíamos cómo había ciertos modos de ser sexualmente – y de no ser- en las mujeres. Especialmente entre mujeres que tenían relaciones con mujeres. En este caso trabajábamos con mujeres Cis (lesbianas y bisexuales) sobre cómo se relacionaban en pareja en ese continuo afectivo-sexual con otra mujer.
Ojalá con un poco de ayuda este estudio se profundice más en forma de publicación.
Como decíamos, todas estas elucubraciones teóricas las pudimos contrastar a nivel muy pequeño en talleres y charlas, así como en nuestra experiencia como terapeutas.
Me gustaría compartir algunas de estas ideas, que creo que como mujeres nos pueden ayudar a darnos cuenta. El “darse cuenta”, hijo de la Gestalt, hace referencia en este caso a “quién soy”, cómo me vivo, qué hago conmigo (mi cuerpo, mis deseos, etc.) y qué hago contigo. Cómo somos en relación con nosotras mismas y cómo somos en relación con lo de fuera.
Algunas conclusiones y consejos:
1- La lesbo-bifobia y lesbo-bifobia interiorizada afecta a las relaciones de pareja y a la intimidad sexual. Ambas actúan en la propia percepción y en la relación.
Ejemplo: Armarios, salidas, búnker y violencias. Las personas y las relaciones no heterosexuales sufren -en términos generales- más agresiones directas e indirectas. Esto genera, por poco que sea, estrés en la persona y en la relación. Puede incluso que dentro de una pareja una de las dos esté completamente en el armario y la otra sea una kamikaze militante 24/7. Puede que se viva la relación como un búnker, es decir la relación como única zona de seguridad, por lo que puede que a la relación le acabe faltando aire. Todo esto se acaba muchas veces manifestando en la auto percepción, en los auto juicios y en los juicios a otras personas (“yo soy muy mujer, no como esa que es una machorra”, “las bisexuales sois unas traidoras”, “barbi de mierda”, etc.). Puede incluso que se saque a la gente del armario y esto cause situaciones de riesgo o se haga como forma de violencia.
2- Sexualidad como anejo. Las mujeres vivimos -en nuestra mayoría- la sexualidad como un anejo de nuestra vida, no como un capítulo principal, por lo que muchas veces se relega a otras prioridades. Primero el trabajo, el amor, que la casa esté ordenada, etc. antes que la sexualidad. Siendo ésta una isla limítrofe que se coloniza algunas veces y cuando hace buen tiempo. Y no como un órgano vital de nuestras vidas, como puede ser el corazón.
3- Desgenitalización. Como hemos dicho muchas veces, los hombres han sido educados exclusivamente en una sexualidad genital, pero a las mujeres nos han desgenitalizado. Por lo tanto el trabajo imprescindible sería el crecimiento erótico global con varones y empoderamiento genital con mujeres.
4- Conversaciones y meta-relación. Las conversaciones son imprescindibles y el estímulo intelectual es importante, pero aunque es necesario saber las necesidades y expectativas de la relación para colocarse en el mapa, la relación hay que vivirla. Y se vive también con el cuerpo.
5- “La cucharita”. Fusión y ternura invasiva. La conocida “muerte de la cama lésbica” tiene que ver con ese exceso de confianza que deserotiza y donde el mimo ha des-sexualizado la relación. Las mujeres de la pareja se vuelven “amiguinas”, citando a Marta Pascual.
6- Interrupciones. Las mentes post-capitalistas son estérilmente obsesivas, sobre todo la femenina con su multitarea (controlar, pensar y pensar, y anticipar y recordar). En lugar de estar en el “aquí y ahora” sensorial, esa sexualidad como anejo hace que los encuentros sufran infinitas interrupciones
7- Prolegómenos infinitos. Si bien es cierto que el coito-centrismo puede ser dañino y la sexualidad ha de ser cultivada más allá de los genitales, no todas las sesiones tienen que ser de 3 horas, con mil caricias y “te quieros”. A veces el “aquí te pillo” es terriblemente positivo y estimula la capacidad de excitación y sorpresa para siguientes encuentros.
8-Grita “fuego” y mantenlo prendido. Una vez activada la clave erótica (ese “click” que te hace consciente de ser un ser sexual y con deseo, diferente de cuando estás haciendo la declaración de la renta, pero que incluso haciéndola puede estar activado), ese estado no puede guardarse en un cajón hasta que Júpiter y Saturno se alineen otra vez. Reta mantener la seducción fuera de la cama -miradas, mensajes, actitudes- para conseguir que la cama no se enfríe y sea más fructífera.
9- Luce y Seduce. Mirar, lucirse con la mente, con el cuerpo, con la música, con lo que quieras.
10- Pierde la vergüenza, pero nunca el pudor. Esta frase os la regalo, es muy mía (aunque puede que la copiara por ahí o la reinventara). Viene a ser: pierde la vergüenza paralizante, el miedo al desnudo o a tomar la iniciativa, pero nunca, nunca el pudor. Cierra la puerta del baño. No pasees todo el día en pijama por la casa. Come con educación. Habla lo menos vulgar posible. Intenta restringir lo máximo tus gases y rascamientos a tu intimidad (y tómate a risa cuando no se pueda), pero ten todo el pudor que puedas.
11- Alterna roles. En las parejas heterosexuales está muy marcado, él suele ser el demandante (aunque ahora que ellas son las demandantes hay tantas ventajas como inconvenientes) y nosotras podemos tirarnos a la bartola, porque “total, ya vendrá”. Pero entre dos chicas si se petrifican los roles, se petrifica la sexualidad. Nadie aguanta buscando siempre, ni siendo buscada. Cada cual a su manera debería estimular la deseada y la deseante que llevan dentro. Aprovecho este apartado para recordar que prestemos atención a esas actitudes patriarcales y machistas que podemos asumir (activa o pasivamente) y que sólo denigran a la pareja.
12- Fusión e individuación. Cada cosa a su momento. Estimular espacios donde se es “uno” el sexo, un momento espiritual, un atardecer, pero no quedarse “pegoteados”. Volver a ser con vuestra personalidad, espacios y gustos, para luego volver a fundiros.
Y si con todo y con esto no arranca, bueno, igual es momento de plantearse el crecimiento erótico y de la pareja con una ayuda externa.
¿Por qué todo esto? Primero porque son las peculiaridades las que nos hacen entendernos (edad género, orientación, personalidad, etc.). Después, comprender que en las relaciones pesa más la educación de género que la orientación del deseo. En este caso lo que marca es que son dos feminidades, dos seres “educados” por género, lo rompan más o menos. Y a veces es muy difícil amar a un espejo.
Por último y no menos importante, asumir que no tenemos un cuerpo, somos cuerpo. No tenemos sexualidad, somos sexuales.
[1] http://sexologia-martapascual.es/quien-soy-filosofia-de-trabajo/
Un comentario
solitario
muy bonito ..muy interesante todo lo que debe haber entre dos personas K buskan complaserser amarse vivir bien 😉 .